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lunes, 11 de junio de 2007

La santificación (1 de 2)


Con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.
Hebreos 10:14.


1. La santificación de posición que ocupa el creyente a los ojos de Dios: Aquel que por la fe ha aceptado la obra de Cristo es santificado por Dios, es decir, es puesto aparte para él. Todos los… amados de Dios son llamados a ser santos, vale decir, santos por el llamado de Dios (Romanos 1:7). Dios los ve así en Cristo. Por la voluntad de Dios somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre (Hebreos 10:10). Por una parte la voluntad de Dios y por otra, la ofrenda del cuerpo de Jesucristo. Sólo la fe puede captar eso. Aquellos que se convierten de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios, reciben, por la fe en Cristo, perdón de pecados y herencia entre los santificados (Hechos 26:18).

2. La santificación práctica: El creyente no tiene que volverse santo, pues ya lo es, pero es llamado a manifestarlo. En Efesios 5:3 se nos exhorta a comportarse como conviene a santos. Esta santificación práctica es progresiva. Se efectúa por medio de la Palabra de Dios, leyéndola cada día, recibiéndola, amándola y poniéndola en práctica. El Señor Jesús también habló de este concepto en su última oración a favor de los suyos: Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad (Juan 17:17). Efesios 5:26 precisa que Cristo santifica a la Iglesia purificándola en el lavamiento del agua por la palabra. Ésa es la obra de Dios en nosotros, mientras que la salvación, en sus diversos aspectos, es la obra de Dios por nosotros.

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